Esta semana, el siempre agitado clima de las criptomonedas y Bitcoin recibió el embate del último huracán en aterrizar en nuestras costas: Milei y la estafa de $Libra.
En este articulo no voy a describir el método de la estafa o como se llevo a cabo la misma. Tampoco me voy a referir a las repercusiones económicas subsecuentes. Mi interés en este suceso se enfoca más en las consecuencias negativas para el ecosistema blockchain y para los ciudadanos de a pie, que por su miedo, se privaran de todo el valor agregado que ofrece esta revolucionaria tecnología para sus finanzas personales.
¿Economista o timador?
El embuste de $Libra es tan evidente que ni los más férreos defensores del ¨león¨ de Buenos Aires han intentado ocultar la naturaleza fraudulenta del hecho, mas bien su estrategia de propaganda ha sido mediocremente enfocada en eximir de responsabilidad a Milei, acusándolo de una inocente ignorancia en la materia y un desconocimiento previo del proyecto. En pocas palabras, que simplemente fue un gran pendejo y no un corrupto.
En una entrevista para el canal NT, con los visos surrealistas que siempre envuelven a este personaje, Milei, al intentar sacudirse de toda culpa, acusó y perfiló a las víctimas de esta estafa de ser avezados cripto inversionistas que sabían muy bien en que se metían. “Ellos sabían que era un casino”, expresó cínicamente el caradura.
Pero esto es una mentira gigantesca como muchas otras a las que nos tiene acostumbrados a disparar este sinvergüenza cada vez que vocifera histriónicamente en un intento por disimular la poca elocuencia y sensatez de sus ideas.

Flashback a otra de las estafas promovidas por Milei: El escandalo de CoinX ocurrido en 2022.
Las consecuencias
El costo más grande por este engaño no lo asumieron los cripto bros gringos como dice la prensa. Tampoco los bots y traders curtidos que operaron con o sin pérdidas. Y menos los insiders, que muy al contrario se llenaron los bolsillos al tener información privilegiada. No, los platos rotos los paga el ecosistema cripto en general, los paga la reputación de Bitcoin, la credibilidad de la comunidad.
Obviamente, el costo más amargo lo pagaron aquellos que no entienden mucho sobre criptomonedas y que terminaron perdiendo su dinero por creer en su presi.
Este tipo de hechos crea una aura de miedo y oscurantismo, muy adverso a la aceptación de nuevas tecnologías. Los ciudadanos comunes asocian la cripto basura o shitcoins como $Libra con Bitcoin y en un abrir y cerrar de ojos, toda la credibilidad y esfuerzo pedagógico alrededor de la blockchain se van al carajo. Este es el verdadero costo del engaño de Milei.
No sabemos distinguir a Bitcoin de otras criptomonedas, no entendemos que lo hace único y valioso, el por qué es especial sobre todas la demás. Cualquier otra cripto que surgió después de Bitcoin ya es una versión diferente, y, en mi opinión, una desmejorada del mismo.
No todo lo que brilla es oro.
Una de las enseñanzas que deja esta situación es que no todas las criptomonedas son iguales, algunas ni siquiera pueden considerarse una como tal. Una criptomoneda es aquella cripto nativa que tiene su red propia. Por ejemplo, $Ether es una criptomoneda por que es la moneda oficial de la red Ethereum, o $Pol, al ser la moneda oficial de la red Polygon, se clasifica como una también.
Entre todas las criptomonedas, Bitcoin fue la primera y al día de hoy sigue siendo la más importante, descentralizada y valiosa de todas.
A todas las demás criptos que no son la moneda nativa de la red se le consideran tokens. Entre estos se pueden enumerar cientos de miles. Todos los días, miles de meme coins son lanzadas indiscriminadamente con el único objetivo de robar a incautos, tal como lo hizo Milei con $Libra.
A través de plataformas como pump.fun de la red Solana, cualquier persona con escasos conocimientos de blockchain puede lanzar su propio token o meme coin. Luego, con la debida publicidad y difusión, en este caso, la de un presidente, tener el alcance para engañar y robar a miles de incautos.
Amigos, Milei usó una shitcoin como si fuese un espejo brillante para despojar del oro a los entusiasmados nativos que lo recibían como a un héroe llegado del mar.